No pagaremos la Crisis del Capitalismo: Luchamos por el Socialismo

Partido Comunista de los Trabajadores de Dinamarca (APK) Partido Comunista de España (Marxista-Leninista) Partido Comunista de los Obreros de Francia (PCOF) Piattaforma Comunista de Italia Partido Comunista Revolucionario de Turquía (TDKP)   

Nuestros partidos y organizaciones de Europa, miembros de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones marxista-Leninistas(CIPOML), nos sed han reunido en Italia para discutir sobre la situación política, la crisis del sistema capitalista, sobre las luchas  de los trabajadores y de los pueblos para no pagar la crisis y trazar perspectivas de ruptura con este sistema, en crisis profunda, para abrir el camino a la ruptura revolucionaria, hacia el socialismo como única solución a la crisis del sistema capitalo-imperialista.

 

Acerca de la crisis  del sistema capitalista

Pese a las afirmaciones de la burguesía que quiere hacer creer que se trata sólo de una crisis temporal a la que hay que “poner orden”, la actual crisis es fundamentalmente una crisis del  modo de producción capitalista en general, sobre todo se trata de una crisis de superproducción relativa. El sistema capitalista se caracteriza por el enriquecimiento desmesurado de la pequeña minoría de los acaparadores, y el empobrecimiento de las amplias masas. Se crean inmensos depósitos (stocks) de mercancías (de coches, viviendas, bienes de consumo, de productos agrícolas…) que no tienen salida, mientras que una gran parte de las masas empobrecidas apenas pueden alcanzar el mínimo vital.

La crisis del sistema financiero internacional ha profundizado y generalizado mundialmente esta lacra.

Es una crisis que deja al desnudo el carácter parasitario del sistema capitalo-imperialista de explotación y saqueo: Esta crisis demuestra que este sistema ha llegado al fin.

“La crisis no ha hecho más que comenzar” afirman los expertos capitalistas, o sea, los mismos que no hace todavía mucho anunciaban un crecimiento sin límites. Empero, esta crisis agudiza las  contradicciones fundamentales del sistema capitalista: la contradicción entre el capital y el trabajo; entre los monopolios y las potencias imperialistas; entre el imperialismo y los pueblos.

El capitalismo y su búsqueda del beneficio máximo, todo lo transforma en mercancía. El beneficio prima sobre cualquier otra consideración, muy concretamente sobre el medio ambiente, la salud de los pueblos y de los trabajadores. La contaminación gigantesca, la destrucción de la naturaleza, la manipulación genética en la agricultura, la biología…son fuentes de inquietud y movilizan, con harta razón amplios sectores de las masas populares.

El capital trata de “resolver” la crisis ecológica mediante la libertad de mercado, es decir, las mismas leyes que han llevado a la crisis actual. Apuesta por el desarrollo de las centrales nucleares para “solucionar” la crisis energética. Mas los únicos que se benefician son los “lobby” electronucleares, íntimamente ligados al  complejo militar-industrial, es decir, los monopolios que controlan tanto la red nuclear como la petrolera (ENI, Total, Repsol, Suez, etc.)

Lo anterior conlleva un reforzamiento del control por las grandes potencias imperialistas sobre las minas de uranio, muchas de las cuales se encuentran en África (concretamente en Níger). Y a este país las grandes potencias esperan “exportar” la basura de la industria nuclear, química, etc. con la complicidad de los reaccionarios regímenes a sueldo.

Los gobiernos han inyectado miles de millones de dinero público para salvar los beneficios de los banqueros, de los grandes patronos. Acuden en ayuda de la oligarquía para hacer pagar la crisis a la clase obrera, a los trabajadores de los sectores públicos y privados, a los campesinos, a los pueblos. Intensifican su política de privatizar los sectores de la sanidad, la educación, de liquidar los derechos conquistados por generaciones de trabajadores.

Mas los gobiernos no se contentan con asegurar sus beneficios: aplican la política de facilitar los despidos, incrementar  la flexibilidad y la precariedad, rebajar los salarios y ampliar la jornada laboral. Los jóvenes obreros son las primeras víctimas de esa política de flexibilización y superexplotación.

Para imponer esas medidas de retroceso social, aplican sistemáticamente una política de debilitamiento, de dividir y de destrucción de los instrumentos de lucha de la clase obrera, particularmente los sindicatos de clase. Favorecen el sindicalismo colaboracionista, de cogestión de la crisis, el sindicalismo que acepta que la crisis la paguen los obreros, las  masas trabajadoras.

La crisis acelera y amplifica el fenómeno de concentración del capital: son liquidadas las pequeñas y medianas empresas; hay monopolios absorbidos por otros más grandes, con una competencia feroz que se salda con la supresión de centenares de miles de empleos, cierres de empresas, despidos masivos. Ciudades y regiones enteras están afectadas por esta política de “destrucción masiva”.

La concentración del capital en beneficio de la oligarquía financiera, se traduce en el plano político por un reforzamiento de la concentración del poder en manos del  Poder Ejecutivo, la instalación de estados policíacos, el reforzamiento de la reacción, la aplicación de leyes que criminalizan cualquier forma de contestación social y del orden establecido.

Este fenómeno de fascistización se manifiesta en muchos estados, como en Italia con Berlusconi y en Francia con Sarkozy, y también en los países del Este de Europa, donde han aparecido gobiernos reaccionarios, populistas y xenófobos, así como grupos y partidos claramente fascistas.

Estas políticas están impulsadas desde hace años por la Comisión Europea, fuerza de choque de la política neoliberal. El rechazo de esa política por los trabajadores y los pueblos, se ha puesto de manifiesto en diversas ocasiones, concretamente con el “NO” a la Constitución europea en Francia y Holanda, y luego el “NO” irlandés al Tratado de Lisboa, clonación del Tratado constitucional europeo. Los gobiernos, el  Parlamento europeo, todos los turiferarios de la Europa de los monopolios y de la reacción, se han  cuidado muy mucho de consultar a los otros pueblos  de la UE sobre esos tratados, pues saben que la respuesta sería la misma. Se trata de una manifestación clara del carácter antidemocrático de las instituciones europeas, y al contrario de lo que pretenden los partidarios del reforzamiento de la UE, el Tratado de Lisboa no “democratiza” en absoluto esas instituciones.

Este rechazo masivo acaba de manifestarse una vez más en las recientes elecciones al Parlamento europeo, en las que la abstención en los medios populares ha sido muy elevada. Y eso plantea claramente el problema de la representatividad de esas instituciones.

Cuatro ejemplos para ilustrar el carácter antiobrero, antipopular de la construcción de la UE, cuya esencia capitalista e imperialista es evidente:

La comisión Europea continúa, mediante sus “libros blancos” y otras directivas” la política de privatización y de liquidación de los sectores públicos, así como la liquidación de las barreras de cada país, contra la explotación de la fuerza de trabajo al promover “la competencia libre sin entrabas”.

Es el Parlamento Europeo saliente el que votó la “directiva de la vergüenza”, el que organiza la persecución de los inmigrantes “ilegales” y ha transformado a Europa en una “fortaleza” protegida por batallones policíacos y buques de guerra que patrullan el Mediterráneo. Las víctimas de esta guerra silenciosa la conforman centenares de hombres y mujeres que huyen de la miseria, de las guerras y de los conflictos, que son la consecuencia de las políticas imperialistas  de saqueo, de lucha por el control de las materias primas, el petróleo y también los mercados. Hoy, la UE subcontrata para esta sucia guerra contra los pobres, a gobiernos reaccionarios de África, de Libia, de Marruecos, de Túnez…

También el Parlamento saliente a votado, con disimulo y engaño, una directiva de criminalización del comunismo al que asimila al nazismo, una directiva para reforzar la campaña anticomunista y antiobrera que se manifiesta cada vez más agresiva en varios países europeos.

En fin, la UE en su conjunto, ha afirmado el carácter de su política defensiva con la OTAN, brazo armado de las potencias imperialistas que llevan a cabo su guerra contra el pueblo de Afganistán. Es también la UE la que continúa su cooperación con el Estado sionista de Israel, a pesar de su política de de guerra y de matanzas contra Gaza y el pueblo palestino.

 

Se desarrolla la resistencia obrera y popular

 

En todos los países de Europa, masas de trabajadores se han lanzado a la calle para gritar, “No es nuestra crisis. Nos negamos a pagarla”. Crece el sentimiento de luchar “todos juntos”. Las luchas se multiplican y radicalizan: secuestro de patronos, bloqueo de empresas, acciones espectaculares con las que se acosa a los accionistas, operaciones “puñetazo” contra los símbolos del poder, de la patronal, manifestaciones masivas de los obreros amenazados de despido, y de otras capas de la población que también sufren las consecuencias de la crisis.

Importantes sectores obreros están dispuestos a elevar la lucha a mayores niveles. Se enfrentan a la represión del Estado y a la política de los dirigentes reformistas que frenan las movilizaciones, que tratan de canalizarlas hacia “soluciones” de cogestión de la crisis, para evitar que la protesta no englobe al conjunto del sistema.

De entre estas luchas, subrayamos la importancia de la llevada a cabo por  los trabajadores de las empresas de automóviles SEAT, Fiat, Opel-GM, etc., y de las empresas dependientes, como la de los trabajadores de la Continental.

Los de la Continental han arrancado de los beneficios capitalistas importantes compensaciones financieras (“50.000 euros para todos”), lo que ha consolidado la unidad de los trabajadores, veteranos y jóvenes. También han dado un  ejemplo de solidaridad internacionalista al manifestarse junto a sus camaradas de Alemania afectados por el mismo plan del monopolio Continental, “¡Hablamos el mismo idioma, el de los obreros!”

La resistencia se desarrolla en el mundo de la enseñanza, La juventud estudiantil, los profesores, el personal administrativo, luchan contra las reformas de privatización de la universidad pública, cada vez menos subvencionada por el Estado, mientras que éste financia cada vez más a las universidades privadas, sometiendo las universidades a nivel nacional y europeo a los intereses de los monopolios. Todas esas reformas corresponden a la aplicación de la directiva europea llamada “de Bolonia”.

Los campesinos pobres, los marineros y pescadores, los artesanos y pequeños comerciantes, luchan por sobrevivir, aplastados por los monopolios  de la industria agroalimentaria y de los grandes almacenes, como Carrefour, Auchan, Corte Inglés. Nestlé, Benetton, etc., etc.

 

El rechazo a la política de guerra en la que participa la UE se manifestó con fuerza en  la cumbre de la OTAN celebrada en Estrasburgo en abril.De todos los países de la UE llegaron manifestantes, así como de los EE.UU., Rusia, Turquía, Ucrania… que denunciaron a la OTAN y  el alineamiento de la UE con ella. Las manifestaciones tuvieron lugar en la ciudad, fuertemente militarizada, en total estado de sitio. Los manifestantes exigieron la retirada  de las tropas de los diferentes frentes de guerra (Afganistán, Iraq, etc.), denunciaron la preparación de nuevas guerras contra otros países, como Irán, el poyo de la UE a la política terrorista del sionismo, y también las maniobras de desestabilización en los Balcanes y el Cáucaso, la ampliación de la OTAN con países del Este (Georgia, Ucrania), y la instalación de misiles en Chequia y Polonia. Esta manifestación ilustra la solidaridad internacional de los pueblos contra la política guerrerista que llevan a cabo las potencias imperialistas. En esta movilización, los partidos marxista-leninistas, junto a otras fuerzas, insistieron en la ligazón entre la política de guerra y la crisis, denunciada mediante la consigna: “¡No pagaremos vuestras crisis, no pagaremos vuestras guerras!”

La movilización contra la Europa amurallada, las leyes racistas y xenófobas contra los inmigrantes, continúa y se amplía. La victoria del combate sindical de los “sin papeles” en Francia, en huelga con el apoyo de sus camaradas franceses para lograr su regularización, es un buen antídoto contra la campaña de división que la burguesía, la patronal, la reacción, llevan a cabo con  un fondo de racismo. Los inmigrantes, con o sin papeles, constituyen la “pieza de recambio” de las empresas que no pueden deslocalizar su producción. Esos trabajadores, al incorporarse al combate del conjunto de la clase obrera, refuerzan el frente de lucha contra el capital y para no pagar la crisis.  “Trabajan aquí, viven aquí, se quedan aquí”

Nosotros miembros de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML), reafirmamos nuestro compromiso para desarrollar los frentes de lucha y de resistencia en nuestros países, trabajar por la unidad de la clase obrera, y entre ésta y todas las víctimas de la crisis del sistema capitalo-imperialista, así como para desarrollar la coordinación y solidaridad de nuestras luchas.

Perseguimos con ello unir en un amplio frente a todas las fuerzas que rechazan que los trabajadores y los pueblos paguen la crisis. Es una política de unidad contra la ofensiva del gran capital, contra la reacción y la política de guerra del imperialismo, por la solidaridad entre los pueblos.

Una de nuestras tareas es la de desarrollar, en estas luchas,  la conciencia de los obreros, de los trabajadores y de las masas, de que esta crisis lo es del conjunto del sistema capitalista y que no encontrará solución en el marco de este sistema. Con estas luchas, desarrollamos nuestra alternativa de ruptura revolucionaria por el socialismo.

Llamamos a los trabajadores, a los jóvenes a los luchadores antiimperialistas, a los revolucionarios, a  participar en cada país, en la construcción de auténticos partidos comunistas, o reforzar las filas de los ya existentes, porque el partido comunista es instrumento indispensable para dirigir las luchas del movimiento obrero y popular hacia la victoria. Este proceso de construcción de nuevos partidos y de reforzar los que ya existen lo llevamos a cabo en el marco de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones  Marxista-Leninistas, que es hoy la forma organizada del internacionalismo proletario.

 

Italia, Junio de 2009

Partido Comunista de España (marxista-leninista)

www.pceml.info

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