extraído de:
http://www.13t.org/decondicionamiento/la-construccion-artificial-de.php
Cuando me enteré del último atentado de ETA en el trabajo, todavía se
dudaba sobre si quien había muerto en el coche era un policía o un
terrorista. Luego al confirmarse quién era la víctima, pensé que era
una pena que no le hubiera pasado al que estaba preparando el
explosivo, pero realmente poco más. Lo olvidé rápidamente. Quiero
decir, me siento totalmente desconectado de toda la repercusión
posterior, de toda esta respuesta exaltada tan artificial que muchos en
España repiten como autómatas, concediendo una enorme importancia a
esta cuestión.
Y claro, pues me pregunto, ¿por qué
no he reaccionado realmente mucho, ni parece haberme preocupado
realmente este atentado?. No se trata de simpatía alguna, no veo ningún
sentido a matar por una "patria", sea la que sea. No, sin duda me
parece una cuestión repugnante.
Leyendo reacciones tan extremas,
los medios más radicales de la derecha, el discurso asalvajado de
engendros como Rosa Díez o lo pusilánime del PSOE que reestructura su
discurso derechizándose, voy entendiendo mejor mi reacción. Y es que a
estas alturas de la película, ETA es un personaje muy secundario al que
tan sólo el interés político de su reflejo espejado da relevancia. La
importancia mediática que se da a ETA y la reacción en consecuencia del
ciudadano español, es absurdamente desproporcionada. Estamos hablando
de un grupo terrorista que está en las últimas, y al que para meter
miedo apenas le queda su historia. Que carece ya siquiera de la más
elemental inteligencia política y que hace poco rompió en una estúpida
decisión las negociaciones políticas para su disolución, y que desde
entonces apenas ha sido capaz de llevar a cabo un par de atentados
mientras sus miembros son capturados borrachos en París o se escapan
con el dinero de la banda.
A principios de los 80 mis padres
vivían en Euskadi, y eso sí era terrorismo. Me contaban que cuando
veías a un policía te cambiabas de acera por miedo, porque se cargaban
a un par a la semana y la gente temía que le salpicase. Acabaron
trasladando la empresa donde trabajaba mi padre, no mucho después de un
asalto de los polimilis. Por aquel entonces ETA era un problema de
verdad, y nadie se atrevía a utilizarlo políticamente.
Ahora, sin embargo, una ETA en las
últimas es magnificada por medios de comunicación, organizaciones y
políticos deseosos de rapiñar votos, generando una reacción
desproporcionada entre la población. Me doy cuenta de que si no tengo
ese tipo de reacción no es porque haya algo malvado o equivocado en mí,
sino porque realmente se está construyendo algo profundamente
artificial con lo que sencillamente no me surge eso de comulgar.
No veo más grave el último asesinato de ETA que casi un centenar de
asesinatos por violencia de género al año, me resulta bastante menos
preocupante que los asesinatos cometidos por bandas fascistas en el
territorio nacional, y ni siquiera creo que sea mucho más relevante que
los asesinatos provocados por bandas mafiosas.
Por supuesto, tampoco tengo
pretensión alguna con esto de desmerecer en cuanto que crimen el
asesinato cometido por ETA. No cito estas cosas para exculpar nada,
sino para ilustrar que mi desconexión personal no es tal, sino más bien
el contraste con una exaltación desmedida, que convierte en enorme algo
que es en realidad bastante pequeño. Y es que parece que los que se
supone que más efusivos se muestran a la hora de querer acabar con ETA,
son quienes la elevan y la convierten en un asunto importantísimo,
cuando son ya cuatro yonkis dirigiendo la banda como dijo uno de sus
presos.
Lo cual lleva al siguiente paso,
que es preguntarse por qué los partidos políticos y sus medios son tan
dados a construir a ETA con un tamaño artificialmente elevado y buscar
generar en el ciudadano emociones prefabricadas y desproporcionadas.
Con los ataques de Rosa Díez a Sastre queda bastante claro: y es que la
asimetría de la libertad política en el estado español queda bastante
clara si pensamos que a Sastre le quieren denunciar por amenazas e
ilegalizar Iniciativa Internacionalista por un artículo a favor de la
negociación cuyas palabras son retorcidas de forma torticera, y sin
embargo las burradas que suelta Rosa Díez entran dentro de la
"normalidad democrática" de los ciudadanos sanos y de bien del estado
español, un discurso aceptado e incluso aplaudido.
Sin embargo, el discurso de Rosa
Díez (y de otros cuantos en su onda) es un discurso esencialmente
totalitario. Es precisamente ese considerar a un determinado grupo de
gente como "no-humano" la esencia del discurso que justifica las
prácticas totalitarias. Al "no-humano" no tienes por qué aplicarle los
derechos del resto de los ciudadanos, el "no-humano" no tiene derecho
al acceso al mismo trato que el resto, y es precisamente esta doctrina
de lo "no-humano" sobre la que se ha sostenido todos estos años
Guantánamo: allí tienen a los no-humanos que no tienen derecho de
acceder al sistema penal pero que han de ser castigados del mismo modo.
En España el problema es que
precisamente la parte de nuestra reacción que es desproporcionada y
automática respecto a estas cosas, es exáctamente el potencial para ese
"exceso" totalitario. Así, es bajo el paraguas de esta reacción que
ahora se pretenderá ilegalizar de nuevo un grupo político: y mediante
la Ley de Partidos, se seguirá utilizando la propia legislación del
estado para considerar no-ciudadanos (y no-humanos en lo que al sistema
respecta) a quienes hayan estado en una lista "contaminada" por ETA,
esto es, ilegalizada bajo el amparo de una reacción emocional
artificial orquestada por políticos y medios de comunicación a quienes
conviene fabricarla.
En los medios de comunicación de la extrema derecha política integrada
en el sistema (COPE, Libertad Digital) es curioso ver cómo sus ataques
han ido contra el uso del apelativo de "fascistas" hacia ETA. Afirman
que esto no es así, y centran su discurso en identificarlos como
comunistas. Por supuesto, para la derecha fascista que compone medio
Partido Popular y que representan estos medios, el comunista y en
general la "izquierda real" son el verdadero enemigo a batir y no ETA
(que saben tan bien como yo que está derrotada). Así, conscientes del
potencial totalitario de la desproporcionada reacción fabricada en el
pueblo, es contra la izquierda real contra quienes esta gran parte de
la derecha busca dirigir el potencial totalitario de la reacción
fabricado por el ciudadano, en cuanto tienen la oportunidad.
En fin, que hay una parte de la
respuesta popular a los asesinatos de ETA que puede partir de una más
que comprensible indignación, pero hay también una respuesta artificial
iracunda que no
es más que un manejo de los hilos de un poder titiritero que fabrica
así un espacio sobre el que ejercer su potencial totalitario. Caer
en esa respuesta no es otra cosa que ceder ante determinados intereses
políticos que no dudarán en ejercer su potencial totalitario de tener
tal oportunidad. En un momento histórico en que la banda terrorista ETA
está moribunda, esa obvia debilidad nos debería hacer sospechar de las
respuestas desmedidas, y deberíamos tener en cuenta en nuestras
reacciones qué parte de ellas son las que en este circo están siendo
manipuladas y utilizadas por el poder.


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